...MUSTANG DEL 79. FOTOGRAFIA NOCTURNA EN MITAD DEL BOSQUE.


[ Nadie cambia si no siente
la necesidad de hacerlo, Henry Ford ]



     La curva, 2017.


El Mustang se aleja a las afueras de la ciudad, hasta una zona boscosa. Es un Ford Mustang del 79, 2.8. Ruge y evoca escenas de películas con finales nada felices. El conductor baja y tiene el rostro sombrío, diría que es otro respecto al que en su día conocí entre copas de vino y conversación.
Aquél mismo que puso entre mis manos un cráneo en mitad de un cementerio abandonado, con quien descendí a las entrañas de un acueducto y de la tierra. Tal vez eso o que estoy sugestionado por la oscuridad, los cadáveres en el maletero y los bosques americanos que la Metro Goldwyn Mayers cuela en nuestra memoria.
Pero la historia de este viejo Ford es mucho más apacible y entrañable.
Es magnífica.


     Driver, 2017.

En 1979 el grandfather de Paco Crespo, muy lejos de la costumbre de la ciudad, se hizo con un Ford Mustang del año a estrenar y nada barato, con la condición de que antes de que pudiera conducirlo fuera expuesto en el Salón del Automóvil de Barcelona como el más alto de su gama. Mi abuelo fue el primero en revelar fotografías en Mérida, me dice. Tú eres como tu abuelo ¿verdad?
Asiente, algo emocionado.





El Mustang es una delicia. Los interiores rojizos lo hacen a uno temer por la integridad de cada rincón, como si rozase con los dedos el relieve de una pintura antigua. A pesar de pertenecer a la familia durante apenas tres años, fue testigo de multitud de escenas de importancia. Mi madre llegó a su boda en este coche, dice. Por ello y por obstinación, ha pasado los últimos diez años de su vida convenciendo al último dueño del viejo Ford, curiosamente un antiguo empleado de su abuelo, para que lo vendiera.
Últimamente lo hacemos menos, pero adoraba cenar con Paco, mecánico empedernido y viajero, pues compartimos alucinaciones y deseos de aventuras. Capaz de esperar casi una hora para que el taxi que lo transportase hasta Roma fuera el próximo Alfa Romeo de la cola del aeropuerto, así debe ser, o de adquirir una preciosa vespa en verde ejercito y estrella roja justo al día siguiente de la sesión de fotografía. Fui a pelarme y me convencieron, dice al pasar junto a mí, si se te ocurre algo es toda tuya. 
Y claro que se me ocurre.
Los locos somos así.


      Mustang 1979, 2017.


La noche se abalanza sobre nosotros. Introducimos luz fría en el interior del vehículo y subimos mi Nissan a un montículo con los leds de posición encendidos, todo nuestro afán es iluminar el Mustang de la manera correcta, conseguir la fotografía que le he prometido, una imagen que hable por sí sola. Enfoco casi de memoria, tiro de trípode y realizo fotografías de 30 segundos de duración, lo que me permite además captar el increíble cielo que nos acompaña e iluminar la vegetación, de donde parece que de un momento a otro nos sorprenderá un caimán.
Se nos acerca una motocicleta sin luces, apareciendo tras la curva que quiebra el bosque.
Es el momento de irnos.
Antes de que Stephen King tire de imaginación.


     Castle Rock Road, 2017.

Volvemos a casa no sin perturbarme al observar el Mustang por el retrovisor. Apostaría a que ese cacharro tiene vida, pienso.

Pd: Gracias siempre por tu amistad incondicional. Te echo de menos.

Pd2: A propósito del Mustang, he rememorado los coches de mi infancia. Un viejo Niva naranja, curiosamente hace poco busqué hacerme con uno de ellos, y un Seat 600 azul. Me gustaría saber qué coches marcaron tu infancia o qué recuerdos tienes de ellos.
¡No dudes en comentar aquí mismo!

Pd3: Ay, amigos, teniendo canal de youtube y aún sin vuestra suscripción. Vais a morir de algo, fijo. Vamos hombre! Comparte post y en breve video sobre la sesión.





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